Eduardo Mendoza, con su novela Mauricio o las elecciones primarias ganó la VI edición del Premio de Novela Fundación José Manuel Lara Hernández, dotado con 150.000 euros y creado por doce editoriales para distinguir la mejor obra publicada por cualquier editorial en 2006.
El jurado estuvo formado por los representates de las editoriales Algaida, Anagrama, Espasa, Lengua de Trapo, Mondadori, Planeta, Plaza y Janés, Pre-textos, Seix Barral, Siruela y Tusquets.


siempre me alegro cuando premian a mendoza. es un escritor muy notable, segun mi parecer, y se lo merece. sobra decir que es un orgullo para todos los españoles el poder contar con un autor tan salientable. sigue actualizando el blog! es la mejor manera de que los demas estemos enterados de todo cuanto ocurre en el maravillosisimo mundo de las letras, relatos e imaginacion. saludos.
No me he leído el libro, pero si tiene la mitad de la calidad que "La verdad sobre el caso Savolta", se merece el premio.
Hola, no he leido este libro de Eduardo Mendoza, pero seguro que se merece el premio, porque Mendoza es un gran escritor y sobre todo creo que es el autor de algunos de los libros que más gracia me han hecho en la vida. Conocéis "Sin noticias de Gurb" o "El laberinto de las aceitunas"...son delirantes y geniales, os los recomiendo.
Siempre que sé de él me viene un sentimiento agridulce. Para mi constituye el paradigma de lo que pudo haber sido y no fue, o, al menos, no está siendo. No sé si es un problema de falta de exigencia y rigor, de cansancio, de falta de inspiración, o de todo un poco, pero la realidad es que no levanta cabeza.
Tiene una novela extraordinaria, La ciudad de los prodigios y una muy buena, La verdad sobre el caso Savolta. Todo lo demás es mediocre. No pretendo ser tajante, pero estamos ante un caso de escritor de talento, del que cabe esperar mucho (pues lo ha demostrado), y que se conforma con parodias más o menos humorísticas y de preocupante falta de sustancia.
Empleando el modo de hablar taurino, sigo esperando que "recupere el sitio" y que sus frecuentes aportaciones al absurdo debate de la “muerte de la novela” no reflejen su perspectiva sobre su propia obra.