Todo empezó cuando Olga, nuestra gran profesora de gallego, nos mandó leer Cartas de inverno, de Agustín Fernández Paz, en 3º de ESO. Recuerdo que el libro me gustó y mucho, teniendo en cuenta que la literatura en gallego no es mi pasión, pero el final no lo entendí. Así que, por primera vez en mi vida, decidí escribir a un escritor.

La verdad es que cuando escribí a Agustín nunca pensé en obtener respuesta, pero sí que la obtuve. Me llenó de emoción abrir ese sobre y después de explicarme que el final era abierto y unas cuantas cosas más, me dijo que me recomendaba que leyera otra de sus muchas obras, Aire Negro, ya que la protagonista, me dijo, se llamaba Laura, como yo.

Le hice caso. Lo compré y lo leí. Si Cartas de inverno me había gustado, éste me había encantado. Nunca podré agradecerle lo suficiente el haberme enseñado que los libros en gallego también son bonitos y nunca podré agradecerle el haberme hecho caso en aquella ocasión, animandome a seguir adelante y a que siguiera leyendo. Por eso hoy ese post se lo dedico a él, porque todas las personas que influyeron en mi gusto por la lectura se merecen mi más profundo cariño.